Adrenalina

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lunes, 11 de noviembre de 2013

El MMA: Una disciplina con sentidos en juego

Las Artes Marciales Mixtas, vulgarmente llamadas “Vale todo”, nacieron a principios de la década del 90 en Estados Unidos, Denver, Colorado. Se considera a este lugar como la cuna de esta disciplina porque allí se llevó a cabo el primer evento de esta práctica que combina varias artes marciales, entre las cuales se encuentran el boxeo, Jiu Jiutsu brasilero, Sambo, Lucha Libre, Muay Thai, Karate, Judo y Kick Boxing, entre otras.



Entendiendo a esta fusión de prácticas como productora de sentidos emergente, analizaremos al MMA (Mixed Martial Arts en inglés) como una disciplina cuya identidad (entendida como un proceso de internalización de la cultura; en donde un conjunto social se apropia y resignifica un complejo universo simbólico – cultural) fue transformándose con el paso de los años, adquiriendo nuevas expresiones y reconfigurando los significados según el tiempo y espacio en que se ubicaron.
Por este motivo, problematizaremos en torno a la apropiación de sentidos que se le otorga al “Vale todo” en el casco urbano de la ciudad de La Plata, especialmente  la significación que los protagonistas hacen de la práctica en gimnasios privados y academias.
Centrando la atención en el casco urbano de La Plata, detectamos alrededor de 10 gimnasios privados en los cuales se ofrece la práctica del MMA. Habiendo visitado tres de ellos, encontramos distintas representaciones sociales que responden a condiciones de producción similares.
No vemos al deporte en su concepción efímera donde sólo se visualiza la lucha, sino que agregamos al análisis una mirada centrada por la práctica históricamente situada que constituye una producción/reproducción de sentidos. Esto significa entender en la práctica de los sujetos, la constante construcción de cultura.
Dado que las Artes Marciales Mixtas son resultantes del fenómeno de la globalización, entendemos que la  práctica  reúne algunas características propias de este proceso histórico: son inestables, impredecibles y variables. La circulación de sentidos que proponen los medios de comunicación contribuyeron directamente al arribo de la disciplina en la región y a su posterior metamorfosis en cuanto a la identidad otorgada.
Se detecta, en un análisis de primer grado, que en Estados Unidos la práctica recibe el nombre de UFC (Ultimate Fighting Championship). En tanto, en Brasil se la denomina Jungle Fight y  en Japón, K1. Aquí, no sólo encontramos una diferencia en la forma de denominar al deporte, sino que también identificamos las distintas resignificaciones que están atravesadas por los distintos contextos en los cuales se desarrolla.
 Por ejemplo los actores regionales nos hablan de que a pesar de que la disciplina se basa en una conjunción  de técnicas de lucha, particularmente  en argentina,  los luchadores  tienen una  mayor formación en el boxeo, mientras que en Brasil predomina el jiu jitsu brasilero y en EEUU la lucha libre. Por estos motivos son los protagonistas quienes atentan  contra la homogenización del estilo de la practica y refutan constantemente en que cada país posee sus propias formas.   
  La mirada hegemónica: aquella que se rige por los sentidos producidos desde los centros de poder (por lo general corresponde a las elites) que pertenecieron a lo largo de la historia dentro de lo hegemónico, propusieron una visión del mundo    eurocentrista, rígida por  los cánones de la civilización moderna, y en donde el Estado Nación, a pesar de que compartir el poder con otros centros, sigue siendo el legitimizado para regular la estructura social.  
  Para esta forma de ver al mundo  la práctica del “Vale todo” roza lo irracional, lo salvaje y lo bárbaro, por eso con el paso de los años el reglamento del deporte entró en constante tensión, buscando una disciplina que entre dentro de los parámetros de lo “civilizado”. Estos cambios permitieron que las Artes Marciales Mixtas ya no sean una simple lucha callejera, sino por el contrario, que adquiera reglas y criterios universales de un deporte moderno. Se establecieron rounds, vestimenta, el escenario (jaula) y se prohibieron algunos golpes, entre otras modificaciones.
Esta unificación de reglas permitió una mejor organización del MMA, pero sin embargo, la práctica fue apropiada de múltiples maneras por los protagonistas, según la región y el contexto en los cuales se ubicaron.
En La Plata, encontramos distintos niveles de jerarquía entre los actores: por un lado, están aquellos que buscan un fin recreativo en la práctica de la disciplina. Aprovechan de ésta las ventajas que le otorga el entrenamiento en el aspecto físico y aeróbico, debido a lo completa que es la actividad. En ellos no está la necesidad de combatir cuerpo a cuerpo, particularmente por el miedo a salir lastimados.
Otros son los que se entrenan para competir de manera formal. En este grupo, no aparece el miedo como factor determinante a la hora de pelear. Por el contrario, la lucha les genera una adrenalina que los motiva aún más a la competencia. Se distingue el sentimiento de vergüenza al caer derrotado entre quienes compiten, lo que funciona como una inyección anímica para no ser ridiculizado.
En cuanto a los entrenadores de la disciplina: ninguno de ellos se formó originariamente de las Artes Marciales Mixtas, sino que incursionó en este campo aprovechando los conocimientos previos que poseía de otras disciplinas de combate. Tal es el caso de Román Césaro, Damián Ruiz y Martín Coria, profesores de MMA en los gimnasios Diez, Invictus y Shia Ryu, respectivamente.
Un símbolo que se mantiene desde el origen de la práctica en todos los participantes, sin importar la región, es la expresión de tatuajes en los cuerpos de los competidores. Todos los actores parecen confirmar su sentido de pertenencia a la práctica por medio de los tatuajes. Esta característica representa, tal vez, un sentido hegemónico cuya reproducción superó todas las fronteras. Ver por la televisión a los luchadores más destacados de MMA cubiertos por tatuajes, propone la imitación de los deportistas locales.
Dada la ausencia de una federación oficial en la región, que nuclee a todos los luchadores, éstos organizan contiendas entre gimnasios, para poder tener competencia. Ésto lleva a que las jornadas de MMA sean esporádicas y aisladas y no fijas. La mayoría de los competidores son hombres de entre 25 y 35 años y, aunque existen mujeres que quieren participar, todavía no se ha producido el marco necesario para enfrentarlas dentro de un ring.
A pesar de que el término popular es un concepto polisémico, tratamos de despojarnos de aquellas definiciones que apelen al sentido amplio o común, en donde se entiende a lo popular como lo masivo, y nos centramos en una concepción más académica del término. Construímos lo popular en relación a los centros de poder hegemónicos y en la negociación que se da entre ambos. Por este motivo, no prestamos suma atención al escaso número de practicantes de esta disciplina en La Plata, sino que hicimos hincapié en la accesibilidad económica.
Los costos para practicar MMA en un gimnasio de la ciudad de La Plata ronda entre los $150 y $200, dependiendo del lugar. Además, cada luchador deberá contar con accesorios mínimos para poder desarrollar la práctica con total normalidad: un protector bucal y uno inguinal, guantes, vendas y un short. La suma de éstos se aproxima a los $300.
En tanto, lo popular no sólo queda sujeto a la accesibilidad económica, sino que también aparece la práctica de las Artes Marciales Mixtas como la construcción de una nueva cultura que entra en disputa con los centros de poder. Ésto representa nuevas formas de entender la violencia, el dolor y la sangre, en cuanto a términos hegemónicos se constituye una sociedad.

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