Las
Artes Marciales Mixtas, vulgarmente llamadas “Vale todo”, nacieron a principios
de la década del 90 en Estados Unidos, Denver, Colorado. Se considera a este
lugar como la cuna de esta disciplina porque allí se llevó a cabo el primer
evento de esta práctica que combina varias artes marciales, entre las cuales se
encuentran el boxeo, Jiu Jiutsu brasilero, Sambo, Lucha Libre, Muay Thai,
Karate, Judo y Kick Boxing, entre otras.
Entendiendo
a esta fusión de prácticas como productora de sentidos emergente, analizaremos
al MMA (Mixed Martial Arts en inglés) como una disciplina cuya identidad (entendida
como un proceso de internalización de la cultura; en donde un conjunto social
se apropia y resignifica un complejo universo simbólico – cultural) fue
transformándose con el paso de los años, adquiriendo nuevas expresiones y
reconfigurando los significados según el tiempo y espacio en que se ubicaron.
Por este
motivo, problematizaremos en torno a la apropiación de sentidos que se le
otorga al “Vale todo” en el casco urbano de la ciudad de La Plata , especialmente la significación que los protagonistas hacen
de la práctica en gimnasios privados y academias.
Centrando
la atención en el casco urbano de La
Plata , detectamos alrededor de 10 gimnasios privados en los
cuales se ofrece la práctica del MMA. Habiendo visitado tres de ellos, encontramos
distintas representaciones sociales que responden a condiciones de producción
similares.
No vemos
al deporte en su concepción efímera donde sólo se visualiza la lucha, sino que
agregamos al análisis una mirada centrada por la práctica históricamente situada
que constituye una producción/reproducción de sentidos. Esto significa entender
en la práctica de los sujetos, la constante construcción de cultura.
Dado que
las Artes Marciales Mixtas son resultantes del fenómeno de la globalización,
entendemos que la práctica reúne algunas características propias de este
proceso histórico: son inestables, impredecibles y variables. La circulación de
sentidos que proponen los medios de comunicación contribuyeron directamente al
arribo de la disciplina en la región y a su posterior metamorfosis en cuanto a
la identidad otorgada.
Se
detecta, en un análisis de primer grado, que en Estados Unidos la práctica
recibe el nombre de UFC (Ultimate Fighting Championship). En tanto, en Brasil
se la denomina Jungle Fight y en Japón,
K1. Aquí, no sólo encontramos una diferencia en la forma de denominar al
deporte, sino que también identificamos las distintas resignificaciones que
están atravesadas por los distintos contextos en los cuales se desarrolla.
Por ejemplo los actores regionales nos hablan
de que a pesar de que la disciplina se basa en una conjunción de técnicas de lucha, particularmente en argentina,
los luchadores tienen una mayor formación en el boxeo, mientras que en
Brasil predomina el jiu jitsu brasilero y en EEUU la lucha libre. Por estos
motivos son los protagonistas quienes atentan contra la homogenización del estilo de la
practica y refutan constantemente en que cada país posee sus propias
formas.
La
mirada hegemónica: aquella que se rige por los sentidos producidos desde los
centros de poder (por lo general corresponde a las elites) que pertenecieron a
lo largo de la historia dentro de lo hegemónico, propusieron una visión del
mundo eurocentrista, rígida por los cánones de la civilización moderna, y en donde
el Estado Nación, a pesar de que compartir el poder con otros centros, sigue
siendo el legitimizado para regular la estructura social.
Para esta forma de ver al mundo la práctica del “Vale todo” roza lo
irracional, lo salvaje y lo bárbaro, por eso con el paso de los años el
reglamento del deporte entró en constante tensión, buscando una disciplina que
entre dentro de los parámetros de lo “civilizado”. Estos cambios permitieron
que las Artes Marciales Mixtas ya no sean una simple lucha callejera, sino por
el contrario, que adquiera reglas y criterios universales de un deporte
moderno. Se establecieron rounds, vestimenta, el escenario (jaula) y se
prohibieron algunos golpes, entre otras modificaciones.
Esta
unificación de reglas permitió una mejor organización del MMA, pero sin
embargo, la práctica fue apropiada de múltiples maneras por los protagonistas,
según la región y el contexto en los cuales se ubicaron.
En La Plata , encontramos distintos
niveles de jerarquía entre los actores: por un lado, están aquellos que buscan
un fin recreativo en la práctica de la disciplina. Aprovechan de ésta las
ventajas que le otorga el entrenamiento en el aspecto físico y aeróbico, debido
a lo completa que es la actividad. En ellos no está la necesidad de combatir
cuerpo a cuerpo, particularmente por el miedo a salir lastimados.
Otros
son los que se entrenan para competir de manera formal. En este grupo, no
aparece el miedo como factor determinante a la hora de pelear. Por el
contrario, la lucha les genera una adrenalina que los motiva aún más a la
competencia. Se distingue el sentimiento de vergüenza al caer derrotado entre
quienes compiten, lo que funciona como una inyección anímica para no ser
ridiculizado.
En
cuanto a los entrenadores de la disciplina: ninguno de ellos se formó
originariamente de las Artes Marciales Mixtas, sino que incursionó en este
campo aprovechando los conocimientos previos que poseía de otras disciplinas de
combate. Tal es el caso de Román Césaro, Damián Ruiz y Martín Coria, profesores
de MMA en los gimnasios Diez, Invictus y Shia Ryu, respectivamente.
Un
símbolo que se mantiene desde el origen de la práctica en todos los
participantes, sin importar la región, es la expresión de tatuajes en los
cuerpos de los competidores. Todos los actores parecen confirmar su sentido de
pertenencia a la práctica por medio de los tatuajes. Esta característica
representa, tal vez, un sentido hegemónico cuya reproducción superó todas las
fronteras. Ver por la televisión a los luchadores más destacados de MMA
cubiertos por tatuajes, propone la imitación de los deportistas locales.
Dada la
ausencia de una federación oficial en la región, que nuclee a todos los
luchadores, éstos organizan contiendas entre gimnasios, para poder tener
competencia. Ésto lleva a que las jornadas de MMA sean esporádicas y aisladas y
no fijas. La mayoría de los competidores son hombres de entre 25 y 35 años y,
aunque existen mujeres que quieren participar, todavía no se ha producido el
marco necesario para enfrentarlas dentro de un ring.
A pesar
de que el término popular es un concepto polisémico, tratamos de despojarnos de
aquellas definiciones que apelen al sentido amplio o común, en donde se
entiende a lo popular como lo masivo, y nos centramos en una concepción más
académica del término. Construímos lo popular en relación a los centros de
poder hegemónicos y en la negociación que se da entre ambos. Por este motivo,
no prestamos suma atención al escaso número de practicantes de esta disciplina
en La Plata ,
sino que hicimos hincapié en la accesibilidad económica.
Los
costos para practicar MMA en un gimnasio de la ciudad de La Plata ronda entre los $150 y
$200, dependiendo del lugar. Además, cada luchador deberá contar con accesorios
mínimos para poder desarrollar la práctica con total normalidad: un protector
bucal y uno inguinal, guantes, vendas y un short. La suma de éstos se aproxima
a los $300.
En
tanto, lo popular no sólo queda sujeto a la accesibilidad económica, sino que
también aparece la práctica de las Artes Marciales Mixtas como la construcción
de una nueva cultura que entra en disputa con los centros de poder. Ésto
representa nuevas formas de entender la violencia, el dolor y la sangre, en
cuanto a términos hegemónicos se constituye una sociedad.

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